jueves, 28 de abril de 2011

Ya están aquí (6)

Lo cierto es que lo había vuelto a conseguir, había logrado captar toda mi atención aquella mañana del día de nochebuena. Los días anteriores a aquella fecha tan señalada me había parado a pensar que esas navidades iban a resultar iguales que siempre pero no por ello más aburridas o monótonas, para nada. Nos abrazaríamos, nos besaríamos, crearíamos originales revoltijos de brazos y piernas sobre mi cama y compartiríamos las cosas típicas de los enamorados pero después de escuchar el testimonio que me tenía reservado en los rincones más lúgubres y sombríos de su mente ya nada volvería a ser como antes. Mi cabeza junto con la suya, se mantendría ocupada pensando en todo eso que años atrás giró en torno a un condenado refugio abandonado a las afueras de su pueblo natal y, lo peor de todo es que, por todos los medios intentaría buscar las explicaciones que nunca ha sido capaz de encontrar Lidia en todos estos últimos años.

¿Quién podría jugar de esa forma tan macabra con la vida de las personas a su antojo?- era quizá la pregunta que más inmediatamente buscaba ser respondida.- ¿Y por qué razón se animó o se animaron a hacerlo?...

- ¿Comprendes un poco mejor por lo que estoy pasando?
- …
- Bueno Fran, ya queda menos.
- ¿Todavía hay más?- le pregunté sorprendido con mi espalda apoyada sobre la cabecera de la cama en un gesto que denotaba ciertos aires de nerviosismo e inquietud.
- Sí, aún hay más. Ojala todo hubiese acabado aquel veintidós de diciembre entre aquellas cuatro paredes pero no fue así. Todos los años por Navidad continúan visitándome y recordándome que la única culpable de todo lo sucedido he sido yo misma por enseñarles a mis, por aquel entonces compañeras de fatigas, la ubicación de un lugar prohibido, cuya existencia no debieron haber conocido jamás como hasta la fecha así llevaba sucediendo.
- ¿A quién te refieres cuando dices que continúan visitándote?
- No lo sé. No sé que forma adquieren porque nunca tuve el valor necesario para verlas. Lo único que te puedo decir es que tienen voz de mujer y en ocasiones, en la oscuridad y el silencio más riguroso, llegan hasta mis oídos débiles susurros con las intenciones más macabras del mundo. Hablan de muchos temas pero todos ellos relacionados con la famosa escapada nocturna a ese refugio. Al principio, las primeras navidades, solo contaba dos voces, pero últimamente ya son más, no sé, puede que cuatro o cinco y mediante frases sueltas y sin aparente relación entre ellas, pretenden lograr que enloquezca. O eso es lo que por lo menos pienso yo.
- ¿Qué te susurran?
- Son como sicofonías del más allá. Murmullan oraciones del estilo de “si al refugio irás, en la vida real morirás”, “cada vez tienes los cuchillos más cerca, pronto notarás como te acarician suavemente tu suave y fina piel”, “mucho tienen que cambiar las cosas para que no yazcas pronto bajo tierra”, “yo me encargaré personalmente que tus heridas no cicatricen nunca” y muchísimas más que ya no recuerdo. Como ves, todas ellas tienen algo que las caracteriza y las distingue del resto, sus macabras intenciones por acabar conmigo de alguna forma pero no estoy dispuesta a permitírselo bajo ningún concepto. Quienquiera que se esconda en los armarios, debajo de la cama o dentro de un baúl y me susurre sus condenados propósitos no podrá conmigo. Ayer de noche volvieron a hacer acto de presencia y me confesaron que tenía los días contados y que fuera pensando en despedirme de todos mis seres queridos porque de un momento a otro se producirá la terrible tragedia pero no creí en sus palabras. Ya no les tengo miedo y digan lo que digan no les haré caso.
- Sí, eso creo que es lo mejor que puedes hacer. Ignóralos y ya verás como el día menos pensado desaparecen para siempre- la contesté sin pensar en lo que decía.

No es sencillo olvidarse de algo que te mantiene pensativo constantemente, os lo puedo asegurar. Ese mismo día y los siguientes disfruté tanto a su lado que casi se me olvidan por completo sus inquietudes sin embargo, como ya os he comentado, no es nada fácil. Desde hacía mucho tiempo y hasta el mismo día de la nochevieja de aquel año no tenía la menor duda, Lidia se había convertido en la chica con la que siempre soñé compartirlo todo pero entre sus magníficas y admirables cualidades convivía una intranquilidad y unos temores constantes que, aunque los intentaba disimular con asiduidad, nunca pudo conseguir ocultarlo, por lo menos conmigo. Aquella misma nochevieja, exactamente una semana después del día que me compartió sus secretos más íntimos, sucedió lo que alguien la llevó avisando con mucho tiempo de antelación, lo que nunca debió haber sucedido, la continuación del capítulo del refugio. Lidia, en bastantes ocasiones, me comentó que ahora, con la llegada de este nuevo año que asomaba, era un buen momento para pasar página de una vez por todas y prestar más atención a otros muchos ámbitos de la vida cotidiana, no obstante quien iba a imaginarse que esa era precisamente la última página de su libro…

Aquella noche las cosas ocurrieron tan rápido que necesité el compendio de los días posteriores para ir asimilándolo todo con absoluta claridad. Lo cierto es que volvió a escuchar sus tímidas y apagadas vocecillas, esta vez, sin importarles mi presencia a quienes quiera que fuesen ellas, ya que yo también he sido testigo directo de sus habilidades lingüísticas y he de decir que si de verdad contaban con el privilegio de pensar, su método era envidiablemente increíble. Como bien me había dicho Lidia, sus términos formaban frases aparentemente sueltas y sin sentido pero que si te parabas un momento a reflexionar sobre ellas descubrías como estaban interrelacionadas con maestría formando una telaraña de palabras dignas del mejor escritor del género. Las cinco vocecillas que yo llegué a contar nacían en los rincones más oscuros y polvorientos de mi habitación y llegaban hasta mis oídos como si pretendiesen seducirme o hipnotizarme a su antojo. No cabía duda que no perdían el tiempo en ninguna de sus fantasmagóricas apariciones y que tenían las ideas claras, muy claras desde un principio.

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