No podía creer lo que brotaba de los labios de aquel ser. No podía ser real. Tenía que hacer algo si de verdad quería salvar mi vida de las garras de aquellas miserables y perversas máquinas de matar. Ya sin tiempo para reaccionar aquel ser me dedicó sus últimas palabras que penetraron en lo más profundo de mi mente.
- Bueno cariño, ha llegado tu hora. Dale recuerdos a tu padre y muchísima suerte en tu nueva vida porque estoy seguro de que la necesitarás.- me susurró al oído mientras me aprisionaba el cuello con su mano izquierda.
En ese preciso instante sólo pude apreciar puntitos rojos, brazos retorciéndose sin parar y espuma brotar de sus repugnantes y asquerosas gargantas, hasta que por fin levantó su brazo derecho, el más largo y feo que había visto hasta la fecha, y agarrando aún con fuerza el cuchillo intentó clavármelo con todas sus fuerzas pero en ningún momento el arma tocó mi piel...
Ha sido sin lugar a dudas la peor pesadilla que tuve jamás. Esa misma noche de finales de marzo Mario y Beatriz intentaron por todos los medios tranquilizarme, no obstante no les resultó tarea fácil. Estaba sudando y respiraba ruidosamente y con notable agitación como si durante el sueño me hubiese olvidado de respirar. No reuní el valor necesario para contarles que es lo que en realidad soñé pero les advertí que bajo ningún concepto pisaren el suelo de ese puto desván porque tarde o temprano iba a acabar con cada uno de nosotros. Me miraron sorprendidos pero al final acabaron jurándomelo por lo que ellos más quieren y aún conservan, sus propias madres.
Al principio cuando cerraba los ojos los primeros días a la pesadilla se me aparecían diminutos puntos rojos sobre un fondo oscuro pero a medida que pasó el tiempo estos disminuyeron hasta que por fin un día desaparecieron todos y ya nunca más volví a pensar en ese dichoso mono al que hacía referencia mi padre. Con el tiempo seguía oyendo intervalos de ruido mezclados con otros de silencio al tumbarme en mi cama justo antes de conciliar el sueño pero ya no le daba tanta importancia como antes. Es más ya no sentía miedo. Me había convertido en una persona inmune, como deseó toda la vida mi difunto padre.
que final!!!!!!!!!!!!!!me encanto
ResponderEliminar